sábado, 5 de marzo de 2011
MADRIGAL DE LA BLANCA Y LA SAGRADA
Eres blanca. Blanca y sagrada.
Como un corzo al claro de luna.
Como el blando titilar de las estrellas en el bosque.
Blanca y sagrada, oh sí. Blanca.
No te alcanza la penumbra el latido. Tu sombra
es luz. Sólo luz. Y en ti las aguas clamorean.
Frágil cristal, el viento te traspasa,
y manas, si herida, pétalos por nieve.
Ningún camino del mundo puede conducir
a jardín que no seas tú, a cielo que no sean
tus caricias de rosa transparente: tus ojos
donde todas las primaveras privan. Dorada
escarcha tu pelo, un dulce resplandor la piel,
cascada el cuello, las caderas celeste brillo.
Rocío suspenso tu mirada, alba que se dilata.
Pues a tejer te sirven las Horas
el velo mortal que te recubre, vestal divina,
caracola gigante tú, tú la alta espuma que rompe.
Tú, oh sí, tú. La blanca y la sagrada.
La que, siendo un río, con lejanos destellos ungía.
La que, siendo pétalo y brisa y cima y risa,
cantaba. Y en tu voz el sol en flor cuajaba.
Mientras viva, será que te recuerdo.
Y te sueño, como al Iris que nunca llegué,
como esa canción en que mis venas gimen. Gimen, y no
perecen. Porque eres la espiga que de mi sangre nace.
Porque te alzas como un navío, como un crepúsculo
ojival, y lates. Como antorcha delirante lates.
Veloz relámpago tú que eternamente se engendra.
Dejas un ampo en los labios, cuando besas.
Ardes, cuando amas, como un planeta. Imposible
será pensar que estés aquí, que hayas existido
nunca. Pues tan gentil, tan clara, tan alegre,
eres, que no veo más rostro
que tu rostro. Manos más que las tuyas.
Beso tu aliento, cálido de polen, y cuando te miro
es que miles de mariposas cruzando van por un Valle.
Te bendigo, dulce y tibia mujer. Mujer
sagrada y blanca. Nardo, paloma. Cáliz
donde hierven alhelíes. Cisne que brilla. Alondra
que tiembla en mi corazón, tal si siempre te hubiera soñado.
http://www.antonioenrique.com/Antologia.html#madrigal
De Retablo de Luna (1980)
Antonio Enrique
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